sábado 5 de diciembre de 2009

Sucre retratado

Entrevista a Mauricio Vargas Linares

El periodista y escritor colombiano estuvo en Lima para presentar “El Mariscal que vivió de prisa” (Editorial Planeta).

–¿Cómo nace su interés por contar la historia de Antonio José de Sucre?
Tengo ese interés hace muchos años. Cuando tenía veinte, mi padre me regaló un libro con una colección de cartas del Mariscal Sucre; se llamaba “De mi propia mano”. Fue una buena manera de entrar a la vida de este personaje a través de sus cartas, ya que en ellas Sucre retrataba todos sus sentimientos. Pasé mucho tiempo reuniendo muchos documentos sobre Sucre con la idea de algún día hacer una biografía. Luego, empecé a hacer periodismo, me había aventurado a escribir mis primeras novelas y ya no quise hacer una biografía de Sucre, sino una novela. Quería escribir sobre las emociones y sentimientos de este ser humano, antes de retratar al militar, al político, al estratega, algo que se hace en la biografía.

–Es la primera vez que explora la novela histórica…
Sí, pero siempre he sido lector de historia, de novela histórica y de biografías. Siempre ha sido una pasión leer este tipo de textos pero nunca había escrito una novela histórica.

–¿Y en qué momentos la historia pasa a ser ficción?
En “El Mariscal que vivió de prisa” hay una nota al final, donde me sentí obligado a explicarles a los lectores que no era ficción pero que sí era invención pura. Yo no entiendo por ficción al límite entre lo real y lo fantástico, sino a la forma de tratar la realidad. La ficción también puede ser tomada como todos aquellos hechos reales, que tienen un sustento histórico comprobable, pero es tratado con el vuelo ficticio. Al principio, mi aproximación con esta historia fue como periodista. Para escribir la novela me tuve que comportar como un cronista, pero también como novelista y darle esos vuelos de ficción sin la cual no sería una novela histórica.

–En partes del texto usted recurre al narrador en primera persona, ¿a qué se debe eso?
Es una manera de dialogar y de reproducir las cartas. Si no hubiera encontrado la forma de saltar del narrador en tercera persona a la primera persona, hubiera tenido que recurrir a los guiones, puntos aparte, comillas, y esa no era la idea de la novela. Fue un tema de eficiencia narrativa, para darle mucho más ritmo.

–¿En qué momento Sucre pasa a ser enemigo de los peruanos de esa época?
Cuando Gamarra y La Mar promueven la desestabilización de Bolivia, cosa que era un resultado lógico. Hay que entender que Bolívar y Sucre llegaron a Perú a reemplazar la tarea inicial que hizo San Martín. Había muy poca convicción en el liderazgo peruano sobre la importancia de la independencia y eso se manifestó con una suerte de tendencia de pacto con el virrey La Serna. Cuando se da la independencia, el Congreso peruano declara Mariscal de Ayacucho a Sucre, lo premiaron con propiedades, con riquezas, etc., Luego, él va al Alto Perú, reúne a las provincias que querían constituirse como nación y esto despierta los celos de los líderes peruanos y altoperuanos. Pero eso no sucede sólo en Perú, sino recordemos que ni Bolívar ni Sucre pudieron regresar a Venezuela, ya que son expulsados. Habían cumplido su misión y ahora eran incómodos para muchos.

–¿Está trabajando en otra novela histórica?
Sí, de hecho ya tengo mucha información sobre el tema que además incluyo en un capítulo de “El Mariscal que vivió de prisa”. Se trata de la reunión de San Martín y Bolívar en Guayaquil, que es un momento bastante interesante y hay un misterio detrás de ello.

EL DATO
Vargas Linares (Bogotá, 1961) ha publicado: “Memorias secretas del revolcón” (1993), “Tristes Tigres” (2001), “La pesca del delfín” (2004) y “La última vida del Gato (2007). “El mariscal que vivió de prisa” recibió el año pasado el Premio Bicentenario Planeta-Telefónica.


EDUARDO ALCÁNTARA CASTRO
(Diario Expreso / Cultural / 3 de diciembre, 2009)

martes 1 de diciembre de 2009

Para soñadores

Entrevista a Vivian Abenshushan

La escritora mexicana visitó Lima y presentó su obra “Para entender: Julio Ramón Ribeyro” (Nostra Ediciones).


–Estando en Lima ha seguido los pasos de Ribeyro, ¿qué significa eso para usted?
He tratado de seguir algunos pasos de Ribeyro por que la ciudad de Ribeyro ha cambiado mucho. Varios de los lugares que visitó Ribeyro ya no existen; sus amigos me cuentan que tal panadería ya desapareció, o que el bar Palermo ya no existe, o que tal avenida está muy cambiada.

Sin embargo, tuve la fortuna de ir a la quinta donde vivió Julio Ramón Ribeyro; conocí a su cuñada, esposa de su hermano, vi retratos, esculturas de él… La familia de Ribeyro –sus nietos, sus bisnietos y su hermana– me llevaron a su departamento en Barranco y fueron momentos estupendos: estuve cerca de su máquina de escribir, de su telescopio, de su computadora… Y a los familiares les decía un poco en broma y un poco enserio que tengo que hacer una segunda versión del libro corregida y aumentada, y tengo ganas de explorar más a fondo el mundo de los diarios de Ribeyro.


–¿Los libros de la serie “Para entender…” tienen una temática en especial?
Es una colección que aparece hace más de un año y medio en México, bajo la editorial Nostra. La intención es divulgar la obra de escritores latinoamericanos –como Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez y otros más– a través de ensayos conversados que invitan a leer las obras del autor. En esta temática se rescata la relación del escritor que hace el ensayo y el escritor escogido.


–¿Y qué le hizo escoger a Ribeyro?
Elegí a Ribeyro porque desde hace muchos años siento afinidad personal y literaria con él: por su temperamento, su timidez, por su relación esquiva con la industria editorial… Todo eso me sonaba muy familiar. Incluso tenemos correspondencias entre la vida de Ribeyro y mi relación con los libros, como la biblioteca de sus abuelos y de su padre, y la biblioteca de mi padre. En “Páginas de un diario”, Ribeyro cuenta que su padre quería ser escritor, algo con lo que también mi padre soñaba, pero mis abuelos eran muy convencionales. De algún modo mi padre me heredó sus aspiraciones.


–¿Qué tanto se conoce a Ribeyro en México?
Se le conoce, pero no es un autor que despierte el interés de multitudes como Borges y Cortázar, por hablar de sus contemporáneos. Sin embargo, es parte de la naturaleza de su obra, siempre ha convocado a lectores muy particulares y al mismo tiempo muy entregados, muy devotos a su obra. Estoy segura que con la reedición de sus obras volverá a interesar a nuevas generaciones, como fue que yo llegué a él.


–Revisando algunas de sus biografías, encuentro que usted obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2002 “por su malicia literaria”…
(Risas). Supongo que es algo que le aprendí a Ribeyro. Me conecté muy pronto con la ironía ribeyriana, esa capacidad de reírse de sí mismo. Muchos de mis narradores son personajes que se encuentran en situaciones muy ridículas, tragicómicas, pero que toman distancia y se ríen de su propia condición. Las escritoras hemos entrado muy tardíamente a la literatura, y la primera escritura femenina fue muy poco sarcástica y tomaba poca distancia con la emotividad. Supongo que eso fue lo que tomó en cuenta el jurado de este premio.


–¿Está preparando una nueva obra?
Acabo de terminar un libro de ensayos que se llama “Escritos para desocupados”, que es una defensa del ocio y una crítica del trabajo neoliberal; en contra de la explotación, de la reducción del hombre a un asiento, una oficina y una computadora; y como las condiciones del capitalismo más salvaje nos han ido cercando y nos han convertido en seres más infelices.


EL DATO
Abenshushan (Ciudad de México, 1972) es narradora, ensayista y editora. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Ha publicado el libro de ensayos “Una habitación desordenada” (El Equilibrista/UNAM, 2007) y el libro de cuentos “El clan de los insomnes” (Tusquets, 2004), con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen.


EDUARDO ALCÁNTARA CASTRO
Foto: Vanadis Phumpiu
(Diario Expreso / Cultural / 1 de diciembre, 2009)

miércoles 30 de septiembre de 2009

Las brujas de Miller

Entrevista a Juan Carlos Fisher

El director teatral estrena “Las brujas de Salem” este viernes 2 de octubre en el Teatro La Plaza ISIL de Larcomar.

–¿Qué lo motivó a montar esta obra de Arthur Miller?

Soy un fanático de Miller, sus textos me encantan. Leí “Las brujas de Salem” hace diez años y es una obra que quería hacer y que no me atrevía porque es muy grande, se necesita un elenco muy grande y una calidad actoral muy fuerte. Esta obra es una aventura.


–Tiene una tendencia por hacer obras “off Broadway”...
Eso es algo relativo. He hecho cosas bien Broadway y otras cosas más alternativas como “Bicho” y “En casa / En Kabul”. Me gustan las buenas obras, que me enganchen, que me atrapen; que la historia, que el ambiente te transporten a otro universo. No me importa si es Broadway u “off Broadway”.


–¿Qué tan cercana es su adaptación a la obra de Miller?
Nosotros tenemos que respetar a un autor tan importante como es él. Hay que hacerle un homenaje, haciendo la obra tal cual. Eso es lo que hemos hecho.

–La obra sigue siendo muy contemporánea…
Es una de las obras más representadas de la dramaturgia universal. Sin importar el tiempo o la época, cada vez que hay estos fenómenos de miedo y paranoia masiva, la obra se vuelve muy actual. Y creo que estamos en ese momento.

–¿Adaptará más obras de Miller?
Me encantaría, pero es un autor muy difícil. Ahora tenemos un par de proyectos para el próximo año, y espero poder hacer, más adelante, algo de él.

–Finalmente, ¿cómo ha sido el trabajo con los actores?
Es fascinante trabajar con ellos. Es un elenco extraordinario. Cuando leo una obra, siempre me imagino a qué actores me gustaría tener. Lo pienso desde el principio, pero que se concrete ese elenco que te imaginas desde la primera vez, es poco probable. Por eso estoy muy contento y “empilado” con esta obra.
EL DATO
“Las brujas de Salem” podrá verse hasta el 15 de diciembre, de jueves a martes a las 8pm (domingos a las 7pm), en el Teatro La Plaza ISIL de Larcomar. Las entradas están a la venta en Teleticket y en el mismo teatro.

EDUARDO ALCÁNTARA CASTRO
Fotos: Eder Guardamino
(Diario Expreso / Cultural / 30 de setiembre, 2009)


lunes 7 de septiembre de 2009

Tercer peldaño

Entrevista a Miguel Ildefonso

El escritor limeño acaba de publicar su tercera obra narrativa, “El último viaje de Camilo”, a través del Grupo Editorial Norma.


–Tiene publicados dos libros de narrativa, ¿”El último viaje de Camilo” es parte de una trilogía?
Cada libro es individual, pero “El último viaje…” se puede leer como el final de los anteriores, ya que aquí rescato los personajes y algunas historias sueltas de los libros anteriores y trato de hilvanar la historia. Este libro apunta a absorber muchas dimensiones de cierta época, a través de personajes jóvenes que están condenados a una búsqueda de mantener íntegra su inocencia. En los tres libros hay mucho de testimonio y soy más evidente que en mi poesía. Tenía que escribirlos antes de que se me olvide, me transforme o me vuelva más gordo o más calvo. Esta trilogía es una especie de inicio a varios proyectos de narrativa que tengo en mente.


–Al cultivar también la poesía, ¿le es difícil transitar entre estos dos géneros?
Creo que sí, aunque ahora me siento muy seguro de ambos. Antes estaba más enganchado con la poesía, mi relación con el lenguaje era muy intensa y me costaba mantener cierta objetividad con el lenguaje. La poesía la concibo como escenas, como parte de la realidad y que se filtra en la memoria. Si bien transmito muchos sentimientos, también he tratado de transmitir ideas. No me ha costado, por ese lado, pasar a la narrativa, pero si me ha costado mantener esa distancia con el lenguaje.


–Sin embargo, en “El último viaje…” no se desprende del todo de la poesía, incluso la estructura parece manejarse en prosa…
Sí, y los personajes también son poetas. La idea que guían a estos personajes asociales es la poesía, y el lenguaje obedece a este discurso delirante y otras veces racional. Estos libros pueden ser una especie de transformación del poeta al narrador, visto a través del lenguaje mismo. Ahora, estos géneros los manejo con mayor control.


–Ha admitido influencias de Javier Heraud, Charles Bukowski, César Vallejo y Luis Hernández. ¿Tiene algo que ver la vida trágica y la muerte prematura de estos autores con su interés por ellos?
Ese es mi lado morboso (Risas). Algunos artistas siempre han deseado morirse, sobre todo cuando son jóvenes. Es una forma de transcender físicamente, pero espiritualmente la transcendencia es el arte y eso es lo que retrata la historia de Camilo. Al final no se sabe si Camilo se mató o no, o quizás no importa mucho, pero hay alguien como Paul que se encarga de hacerlo transcender. Es la frustración de un artista que puede haber nacido para llegar más lejos, pero esta realidad es tan fuerte que lo domestica o lo mata. Este libro es mi muerte simbólica, intento persistir en el arte, que es mi forma de buscar la transcendencia.


–¿De dónde nace su interés por narrar historias de personajes marginales?
He vivido siempre entre las fronteras. He vivido en La Victoria, en una urbanización llamada Apolo, rodeado por avenidas y siempre lo vi como una frontera de lo formal y lo emergente. Cuando viajé a Estados Unidos terminé viviendo en la frontera con México. Entonces, siempre me he sentido entre límites y en mis proyectos he tratado de plasmar ese lado marginal, no necesariamente por el interés morboso de hurgar en lo sórdido, sino como una crítica al sistema y para rescatar sus puntos positivos.


–Para terminar, ¿cuáles son sus próximos proyectos?
Tengo varias ideas de novela y prosa que me cuestan emprenderlas por cuestiones personales: pienso salir del país nuevamente. Estos proyectos ya no tendrán nada de biográfico o al menos casi nada; pienso que he logrado una madurez que ojalá se muestre cuando estén concluidos. Por el momento pienso en migrar, no sé si a Estados Unidos o a Europa. No importa mucho eso: he podido construir mi propio mundo que puedo llevar en una hoja de papel.


EL DATO
Miguel Ildefonso (Lima, 1970) estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú y ha publicado el libro de cuentos “El Paso” (2005) y la novela “Hotel Lima” (2006). También ha publicado los poemarios “Vestigios”, “Las ciudades fantasmas” y “Los desmoronamientos sinfónicos”, entre otros.


EDUARDO ALCÁNTARA CASTRO
(Diario Expreso / Cultural / 7 de setiembre, 2009)

lunes 24 de agosto de 2009

La hija patria

Entrevista a Juan Manuel Robles

El joven escritor nacional acaba de publicar el libro “Zaraí Toledo. La hija patria”, a través de la Editorial Sarita Cartonera.


–¿Qué le motivó a escribir sobre Zaraí Toledo?
Este trabajo está situado cuando Zaraí acababa de ser reconocida por su padre. En ese entonces, ella tenía quince años y el tema del reconocimiento se mezcló con toda una manipulación política de la época de Fujimori.
Mi intención era saber quién era y viajé a Piura para hacerle un reportaje que saldría publicado en Etiqueta Negra. El tema me pareció muy interesante, además en ese tiempo estaba en boca de todos y ella se volvió un símbolo mediático. Este texto llegó a publicarse en la revista, pero decidí, junto a la Editorial Sarita Cartonera, publicarla en forma de libro.

–El texto da una sensación de estar describiendo a una niña malcriada y sabelotodo, ¿encaja en ese estereotipo?
Bueno, es que es una adolescente con la respuesta a flor de piel, pero también es una prueba de que el sarcasmo más duro, más hiriente y el más perfecto viene del dolor. Hay momentos en el texto donde hay una risa a medias por parte de ella, queriendo ser burlona y sarcástica con el tema del reconocimiento, pero también hay una mirada contemplativa que viene hacer un poco la mirada del lector, donde eso ya no parece tan gracioso, porque finalmente se está burlando de su padre. Cuando te enfrentas a un personaje complejo como éste, sabes que no vas a encontrar sentimientos pulcros, pero con el tiempo siempre saldrán a flote. Zaraí pasaba horas en convencerme de que era una cuestión de derechos y no era cierto.

–¿Se siente más a gusto escribiendo no ficción o ficción?
Pienso que son dos visiones complementarias. De hecho, luego de “Lima Freak” estaba bastante aburrido de la no ficción y quería probar otros terrenos, aunque ya había probado antes con los cuentos, con la ficción que presenté en “Huancaína Freak”. Por un lado, me gusta estar fuera de la no ficción porque me gusta la invención literaria, pero como cronista me siento muy ligado a la no ficción pura y no me permito inventar nada.

–Esto del nuevo periodismo no es tan nuevo…
Efectivamente, el nuevo periodismo no tiene nada de nuevo, ni aquí ni en ninguna parte. Digamos que es llamado así porque es una nueva forma de asumir el trabajo periodístico, donde intervienen técnicas narrativas y la mirada del periodista. Mucha gente recién lo conoce gracias al trabajo de la Fundación de Nuevo Periodismo de García Márquez y las revistas Etiqueta Negra y Gatopardo, que formaron un contexto favorable al periodismo literario. ¿Si es una moda pasajera? Creo que eso sólo se verá luego en una perspectiva histórica. Sólo dentro de algunos años podemos darnos cuenta que estaba pasando a inicios del siglo XXI con la crónica peruana.

–¿A quién le gustaría perfilar ahora?
He pensado salir un poco de la no ficción. El perfil de Magaly Solier en Etiqueta Negra de julio, nació después de ver la entrevista que le hizo Jaime Bayly y me pareció un personaje tan fascinante que me dieron ganas de entrar de nuevo al asunto. Pero ahora me estoy yendo a una beca de escritura creativa en la Universidad de Nueva York. Quiero probar cosas nuevas.

EDUARDO ALCÁNTARA CASTRO

(Diario Expreso / Cultural / 24 de agosto, 2009)

miércoles 12 de agosto de 2009

Aspirar a lo bello

Entrevista a José Donayre Hoefken

El escritor y lingüista peruano acaba de publicar “haruhiko & ginebra”, bajo la Colección Artefacto Postal de la editorial Muro de Carne.


–¿Cuánto tiempo le tomó escribir “haruhiko & ginebra”?
Algo así como de dos a tres meses, pero me tomó más tiempo corregirla. La escribí en el año 2006, pero la fui puliendo y le he cambiado algunos detalles. De repente escribo rápido, pero me demoro más en corregir, lo que para mí es un proceso más interesante.


–¿El formato de “haruhiko & ginebra” lo eligió usted o fue algo involuntario que salió en el proceso de creación?
En realidad, hubo una edición anterior que no la cuento porque fue una edición no comercial, que circuló entre mis amigos. Cecilia Podestá –editora de Muro de Carne– tenía un ejemplar de esa edición y ella me propuso publicarlo en un nuevo sello que estaba pensando iniciar. Juntos coordinamos que este libro tuviera algunas características singulares a una publicación normal. Como confío mucho en ella, le dije: “Haz la edición como gustes, lo único que deseo es tener cierto control en cuanto al contenido”.


–Incluso el texto no se adapta a lo que podría llamarse una novela convencional…
Sin duda… tampoco es que sea una novela. Le puse ese subtítulo –“novela brevísima en doce partes”– de manera provocadora y porque refleja el aspecto lúdico de la propuesta. En realidad es un experimento narrativo: es novela en la medida que cuenta la relación de dos personas, que bien podría ir a trescientas páginas, pero tampoco es un cuento. Además creo que eso es un rollo de etiquetas. Todo es relativo y ya no me interesa ajustarme a los formatos, a las formas y a los géneros. “haruhiko & ginebra” es un libro que enfrenta a Oriente y Occidente, la gran dicotomía del mundo. Mientras que Oriente había alcanzado un gran estado de desarrollo en la antigüedad, Occidente aún vivía en las cavernas. De pronto la situación se invierte, y Occidente empieza a desarrollarse. Eso lo reflejo en la obra: Hay un desplazamiento de Oriente, pero finalmente es una fuente de sabiduría milenaria, mientras Occidente es más frívolo, más superficial. Ese es el conflicto que muestro en esta historia de amor, de Haruhiko y Ginebra. Uno depende del otro.


–Pero no es la primera vez que recorre esas estructuras. En “Horno de reverbero” usted utilizaba el blog para publicar varios de sus textos…
“haruhiko & ginebra” nace igual. Creé un blog con ese nombre y empecé a postear la historia. Se quedó en el postnúmero doce, cerré el blog y la información la guardé en mi disco duro. Luego le di la forma de libro breve con esta historia de reflexión metaliteraria acerca del signo “&”, que se piensa que es un invento occidental, y es casi un signo universal que se usa en varios idiomas.


–Usando usted las nuevas tecnologías como herramienta literaria, ¿cree que es tiempo que los libros físicos pasen a la historia?
No, definitivamente no. A mí, por ejemplo, me cuesta mucho trabajo leer en una pantalla de computadora. Me puedo aproximar a una obra de esa manera, pero luego la imprimo o consigo el libro. Y creo que es por una cuestión práctica: a mí me gusta leer en mi cama o en un sofá, y siento que la pantalla de la computadora es fría. No creo que sea el soporte ideal, no creo que sea algo exitoso un libro virtual. “Horno de reverbero” y “Ars brevis” se presentaron primero de forma virtual, pero creo que el blog es una suerte de recurso de escritura porque me permite enfrentar la página en blanco de manera distinta.


–Y el estilo del lenguaje es algo muy característico en sus obras…
Tengo cuidado por el control verbal, un cuidado excesivo y obsesivo por la palabra perfecta dentro del contexto. Para mí, un aspecto clave es el manejo del idioma. Si no se maneja bien el código, no podemos hallar las metonimias adecuadas para llevar esa experiencia a una forma bella, que finalmente es la literatura. La literatura es una suerte de registro que aspira a lo bello.


EDUARDO ALCÁNTARA CASTRO

(Diario Expreso / Cultural / 12 agosto, 2009)

domingo 9 de agosto de 2009

Visiones de Oriente

Entrevista a Javier Moro

El escritor español estuvo en Lima, durante la XIV Feria Internacional del Libro, dónde presentó sus dos últimas obras.

–¿Cuándo nace su interés por contar historias que tienen como escenario el continente asiático?
Desde que viaje allí por primera vez cuando era pequeño, junto a mi padre. Cuando conocí la India sufrí un shock enorme, por que es un país que no se parece a ningún otro. Para un niño de catorce años, el ver viejos con barbas que parecían sacados de cuento antiguo, elefantes en las calles, osos amaestrados, encantadores de serpientes, era una cosa fascinante, nunca había visto una cosa igual. Luego ya de adulto regresé varias veces y pasa que uno se hace amigo del país, de la gente, de su cultura y yo he encontrado historias fabulosas en la India, que no se conocían.

–¿El papel de la mujer india ha mejorado de forma equilibrada?
El papel de la mujer india es catastrófico. Y es por qué la India tiene dos grandes sociedades asolapadas: Está la India del campo, rural, dónde viven la mayoría de los indios y el papel de la mujer allí es espantoso, próximo al animal de carga. Lo curioso es que en India moderna, de la ciudad, es una sociedad diferente: Allí la mujer está emancipada. En Nueva Delhi, en Bombay, he visto chicas en su moto, con el sari frotando al viento y he encontrado las mujeres en altos cargos de administración.

–Sin embargo, Bollywood muestra una situación más festiva…
Es que Bollywood es el escape, no tiene nada que ver con la realidad. Si uno quiere conocer verdaderamente la India, no se puedes fiar de Bollywood. Bollywood es el sueño para salir de esa miseria. El cine indio es la religión que une a todos los indios. La India no es un país homogéneo, hay muchos idiomas, muchas culturas, religiones, etnias… y lo único que los une es Bollywood.

–Tuvo problemas para acceder a mucha de la información que luego se publicó en sus dos últimos libros. ¿Cómo fue el proceso de verificación de datos, si las fuentes no fueron directas?
“Pasión India” es más una novela histórica, en cambio “El sari rojo” es más no-ficción dramatizada. En esta última entrevisté a mucha gente que tenía alguna relación con la familia Gandhi y luego revisé todos los archivos de los periódicos de Nueva Delhi en busca de información. Pero encontré muy poco sobre Sonia Gandhi (protagonista de “El sari rojo”): Sonia es una mujer que no le gusta que hablen de ella, que le tiene pavor a los medios de comunicación y que ha dado sólo dos entrevistas en su vida. A mí no me la quiso dar –aunque al final la pude conocer– pero lo que hice fue alquilar una casa en Nueva Delhi, contacte a la gente que había trabajado con la familia y así, poco a poco, fui hilando la historia.

–¿El sari rojo simboliza una especie de maldición para la familia Gandhi?
No, yo no creo que haya una maldición en términos esotéricos. El sari rojo lo hiló Nehru desde su celda para su hija Indira, cuando ésta le dijo que se iba a casar Feroze Gandhi, que no tiene ningún parentesco con Mahatma Gandhi, pero el destino hizo que se casara con un hombre que compartía el apellido con el padre de la nación. Este mismo sari lo usa Sonia cuando se casa con el hijo de Indira, Rajiv. Y lo usa Priyanka también en su matrimonio. El sari rojo es entonces el símbolo de la continuidad dinástica de esta familia en el poder indio.

–¿Cómo va la película de “Pasión India”?
Shekar Kapur –el mismo que dirigió a Cate Blanchett en “Elizabeth”– está muy interesado en hacerla con una productora catalana. Pero no sé, los asuntos de cine no suelen avanzar tan rápido como uno quisiera. No tengo especial interés en trabajar en el guión, prefiero que venga un guionista con una visión más fresca del tema, que pueda aportar algo más nuevo a la historia.

EL DATO
Javier Moro (Madrid, 1955) es también investigador, coproductor de cine y guionista. Entre sus publicaciones figuran “Senderos de libertad”, “El pie de Jaipur”, “Las montañas de Buda”, “Era medianoche en Bhopal”, “Pasión India” y “El sari rojo”.

EDUARDO ALCÁNTARA CASTRO

(Diario Expreso / Cultural / 9 agosto, 2009)